Respetable señor Sterne,
Esta disertación tiene como objeto dar mi más sincero punto
de vista sobre su vida y sus opiniones. Debo igual advertirle que mis opiniones
no serán más largas que un simple ejercicio de lenguaje, no alcanzando, ni tan
siquiera la primer parte del volumen de su libro, por lo cual cuya
consideración puede no tomarse en serio o tan siquiera tenerse en cuenta. Ya
que al fin y al cabo más que una discusión con su propia persona, sólo se trata
como ya lo dije de un ejercicio de lenguaje, dónde otros fuera de su vida
estarán dispuestos a escuchar (o tal vez no).
De antemano me excusaré si es el único texto del cual tendrá
referencia, teniendo en cuenta que por lo apresurado del caso sólo tomaré en
cuenta una cuarta parte de su obra, lo cual no hace fidedigna la opinión que
aquí si pudiera expresar. Aunque por cuestiones un poco sistemáticas, sólo harán
falta los dos primeros volúmenes, para saber de qué se trata su intriga. Sé de
buenas fuentes que tuvo muchos detractores en su momento, como también que gozo
de la congratulación de algunos seguidores bastantes estimables, tanto los unos
como los otros tendrán buenas razones para haber asumido su posición; algunos
por considerarlas irrespetuosas, otras por considerarlas novedosas. Las que puedan
hoy tenerse en cuenta puede que sean en todo caso diferentes o que estén más a
favor de una que de otra. No sin antes
tener en cuenta que los tres siglos de diferencia, hará que sus opiniones no
puedan ser consideradas de la misma manera que un Lord, un ministro o el más
afamado actor (aunque no faltará el intelectual que emita ovaciones de todo
tipo).
Y como es su costumbre no me extenderé en más reflexiones de
las que sean necesarias, aunque sobra decirlo, no abunda en mí su competencia
para llevar más allá de un página esta discusión. Para entendernos un poco,
como también es su costumbre hablare de alguien que en todo caso me es más
familiar, para poder aclarar un poco el punto de vista que me he propuesto
escribir. En su novela señor Sterne hay un exceso de palabras, que están
condenadas al olvido, muchos detalles que en vano el lector no podrá vigilar o
tan siquiera podrá digerir. Sin embargo las palabras son lo de menos, porque en
apariencia lo que menos importará es la historia… la cual no tendrá conclusión
alguna (que en todo caso no arruinara el final). Lo que más se podrá venerar es
su indiscutible manera de presentar el texto y enredar al lector en su dialogo
(la magia de las formas). Salta a la vista señor Sterne los recursos
iconográficos usados en sus páginas, como los múltiples ires y venires de sus
narraciones (que a fin de cuentas es lo más chic de la literatura
contemporánea).
Algunos escritores podrán agradecer su peripecia en haber
alterado el transcurso de la literatura. Lo que en su momento hizo el caballero
de la triste figura, usted lo ha hecho con el caballero de ojos melancólicos, aunque
menos afamado por la gente del vulgo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario